Hay dos tipos de moteros, los que se han caído y los que falta por caer.
Esta es una frase que los moteros, nos repetimos muchas veces de una manera habitual. Sin pesar ni tristeza sino con el convencimiento de una ley universal de la que nadie se escapa.

Otra cosa distinta es las consecuencias de esas caídas. Algunos salen totalmente ilesos, otros con magulladuras. Una gran parte se rompe huesos y se hace heridas de distinta consideración que con la paciencia del accidentado y el tesón y buen hacer del equipo médico se van arreglando para que de un modo u otro podamos volver a nuestra vida.
Pero hay una parte de los moteros que no supera la caída y que decide tomar un desvío distinto que le lleva a una nueva carretera por la que solo algunos circulan.
El fin de semana pasado falleció Bruce Moulds de 20 años en una road race en Walderstown (Irlanda). Ayer fallecía la campeona brasileña Vanesa Daya de 31. Y lamentablemente seguro que moteros y moteras de nombres desconocidos también han abandonado a los suyos para tomar esa nueva ruta.
Siempre decimos que ellos estarán rodando con sus motos por alguna parte, sin preocupaciones y sin ninguna otra obligación que la de disfrutar de su nueva “vida”.
Somos nosotros, los que nos quedamos aquí, los que más sufrimos su marcha. Los echamos de menos en cada carretera, en cada curva y en cada bar en el que nos paramos a desayunar.
Una de las imágenes más recurridas para representar la marcha de nuestros compañeros es la que nuestro compañero Raúl se ha dibujado para siempre en su piel.
Un motero alado que emprende su nueva ruta.
Así, cada vez que mire su pierna, sonreirá y recordará con cariño a aquellos compañeros que le han dejado y les rendirá homenaje para siempre. Un tatuaje lleno de pasión y emoción que refleja un sentimiento común entre todos nosotros.
Desde aquí le mandamos un saludo a todos aquellos moteros que ya han iniciado ese camino.










