Con los años he aprendido que hay dos tipos de moteros, el grupo de los conductores, que simplemente disfrutan saliendo a dar una vuelta con los colegas y el de los pilotos, que no solo disfrutan con las salidas sino que además, cada kilómetro que hacen es una fuente de aprendizaje
Conducir una moto es fácil. Pilotar no tanto.
A los que simplemente conducen les da igual cómo se trazan las curvas, cómo se entra en ellas y cómo se sale. La postura o la mirada. Ellos (o ellas) solo se centran en disfrutar, a su ritmo y a su manera.
Conductores y pilotos
A veces, de ir detrás de otros compañeros aprenden a trazar y curvear correctamente.
Pero otras veces, pese a los años de experiencia, no son más que un cúmulo de vicios y malas formas en la conducción que ponen en riesgo su vida y nervioso al que vaya detrás.
El otro grupo de moteros/as, la mayoría creo yo, disfrutan tanto de las curvas como del aprendizaje. Cada día es un nuevo reto, mejor postura, mejor frenada y mejor salida de la curva para abordar la siguiente.
Con la convicción que una mejora constante va en pro de nuestra seguridad salimos a la carretera como si de una pista de entrenamiento se tratase.
Porque no eres consciente que no sabes frenar hasta el día que un coche se te echa encima y te obliga a pasar de 70 a 0km/h en una fracción de segundo, ni sabes cómo reaccionar cuando la rueda trasera te pega tal latigazo que te deja sentado en el depósito.
Los errores y los imprevistos de la carretera se pueden pagar muy caros si no se actúa correctamente, e incluso así muchas veces no son salvables. Pero lo que sí está claro es que cuanto más sepamos y mejores pilotos seamos, más capacidad de reacción ante todo aquello que nos pueda pasar.
Y tú, ¿de qué grupo eres?










