Como buenas mujeres que somos nos gustan los zapatos bonitos y sobre todo los tacones. Las mujeres y los zapatos, juntos toda la vida.
Ir en moto con tacones es un reclamo al mundo entero. Es la perfecta unión de nuestros dos yos. Nuestro yo más femenino y nuestro yo más apasionado. Nuestro amor por las dos ruedas y nuestra debilidad por los zapatos de tacón.
Pero… no nos engañemos… no son nada prácticos.
Hace unos años tenía una FZ6 y la usaba todos los días para ir a trabajar. Iba con traje así que los tacones eran casi de obligado cumplimento. Quedaba muy chula encima de la moto con mis taconazos pero… un día me di cuenta de lo que mi moto les estaba haciendo. Ya no podía seguir así o nuestra relación de amor cruzaría la delgada línea que separa el amor del odio.
Resultó ser que de cambiar de marchas se rozaba el tacón con el pedal y me los estaba rompiendo, por no decir que se marcaba el pedal de cambios en la punta de mis zapatos más delicados.
¡¡¿Cómo podía ser?!! ¡¡¡Eso era el principio del fin!!!
¿Ya no podría ir más con tacones en moto? ¡Pero si todo eran ventajas!
Estaba más guapa, ahorraba espacio –al no tener que llevar una mochilita en la espalda con los zapatos-, llegaba mejor al suelo…
¡¡Tuve que tomar una decisión drástica!! Ir guapa a costa de lesionar a mis zapatos, que irían cayendo uno detrás de otro inevitablemente, o cambiar mis hábitos.
No volví a ponerme zapatos de tacón para ir en moto, a menos que el estropearlos no me importase.
Luego con el tiempo entendí que tampoco era demasiado inteligente ir con tacones. Menos estabilidad y más riesgo de hacerme daño en los tobillos en caso de caída… pero soy mujer así que una de las cosas más importantes para mi es sentirme guapa y no hay duda que unos tacones encima de una gran moto es una de las cosas más sexis que hay.

No le perdonaré a mi ex-FZ6 el haberme estropeado unos cuantos pares de zapatos, a los que cuido con mimo, pero le agradezco que me enseñase la lección.
Ahora cuando alguna vez saco a azulita a pasear por la ciudad pienso en ellos y automáticamente me pongo unas deportivas o unas botas sin tacón.
Dicen que de todo se aprende. Yo he aprendido a cuidar mis zapatos como se merecen y disfrutar de mi pasión sin riesgo para mis tobillos 😉










