En la mayoría de regiones de la península aún nos escapamos del frío intenso del invierno. Aún no hemos llegado a los mínimos pero ya falta poco. En breve empezaremos -los que aún no lo hemos hecho- a encender las calefacciones y a ponernos los jerséis más gordos antes de salir a la calle.
Una época del año donde a excepción de los deportes de nieve, salir a jugar, se vuelve, para la mayoría, menos “interesante”.
¿Pero qué hacemos con las motos en invierno? ¿Somos moteros de temporada y las guardamos hasta primavera? O somos moteros de todo el año.
Desde que me compré mi primera moto “grande” he salido con ella casi con independencia del tiempo que hiciera. Con mi primera 600 iba a trabajar todos los días, así que me daba igual el frío, la lluvia o el calor. Nada podía impedir que fuésemos juntas a la oficina. Pero ahora, que solo tengo la moto para salir a disfrutar a la carretera, la cosa es diferente, y si llueve, nos quedamos en casa.
Sin embargo, con el frío, si veo el sol a través de la ventana, no me puedo resistir a salir a dar una vuelta. Luego, al rato cuando ya empiezo a sentir ese dolor agudo en las puntas de los dedos me digo a mi misma… ¿no estaría mejor en mi casita con la calefacción al estilo infierno?
Pero llega el fin de semana siguiente y si apunta algún rayo de sol por la ventana, antes de que me dé cuenta ya llevo el mono puesto para salir otra vez.
Parece que en algunos moteros hay alguna conexión de nuestro cerebro que falla y olvida lo que vivimos la semana anterior. Por arte de magia no recordamos ni las carreteras frías, ni la humedad o incluso el hielo de las zonas más hombrías, ni la rigidez y ni el tembleque que sufrimos durante todo el camino. Solo somos capaces de pensar en lo mucho que nos apetece ir en moto.
Sin duda esta es una de las pasiones más fuertes que hay porque no nos importa lo mal que podamos pasarlo en algunos momentos siempre que vayamos con nuestras motos y nuestra gente. Siempre encontraremos algún bar de carretera donde calentarnos mientras nos echamos unas risas.










