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Me gusta ser una Mujer Motera con una bmw gs1200

19/03/2012Redacción

Me llamo María Cozar y me gusta ser una Mujer Motera con una preciosa bmw gs1200.

Me gusta ser una Mujer Motera con una bmw gs1200 1Suena el despertador y abro los ojos, imposible contener una sonrisa sabiendo lo que se avecina.

Aunque es cierto que es un palo ponerse toda la equipación… el simple hecho de sentir el impulso del aire por evitar mi avance… merece la pena!

Saco la ropa del armario y empieza el martirio… bufff cómo odio este traje…

 

No sé quién demonios es el diseñador y estilista de la ropa motera femenina, pero me niego a creer que la seguridad de una, esté igualada al hecho de parecer que llevas un saco encima.

Una vez más ronda en mi mente la idea de confeccionar yo ropa para moteras…

Por fin salgo por la puerta de casa y me dirijo al garaje.

Allí en la oscuridad aún de la mañana, me espera ella.

Su sólo reflejo me produce una descarga de electricidad que recorre todo mi cuerpo, al notarlo, hace aparecer en mi rostro una sonrisa de placer.

Pongo la llave en el contacto y aprieto el botón de encendido.

Obediente, ella, aún con el frío de estos días, arranca a la primera.

Su suave y ronco gemido me da los buenos días. No puedo evitar acariciarla… es preciosa… y siempre dispuesta…

Subo sobre ella y me ayudo de las piernas para sacarla de su plaza de aparcamiento, aun estando fría, me pone la piel de gallina el sólo gesto de desperezarla de su sueño.

El último paso, ponerme el casco y los guantes…

Mientras lo hago, me río al pensar la pinta de loca que tendré cuando más tarde me lo saque, con todos los pelos alborotados y a la vez chafados por el uso del casco…

Qué poco femenina dirían algunas al verme aparecer de tal guisa… y yo sin embargo pienso… lo que se pierden éstas por querer gustar a algunos…

Le doy al mando de la puerta y la luz natural entra a raudales… imposible evitar girar el puño y dar de esa forma los buenos días a todo lo que me rodea.

Sin apenas esfuerzo alguno me aleja de la ciudad… empieza la carretera y con ella, las curvas…

Cuando voy en moto, aunque rodeada de compañeros… no hay nadie más a parte de mi máquina y yo.

Esa sensación de libertad, de experimentar un placer exacerbado al trazar una por una cada curva, de sentir la adrenalina acelerar mi corazón… no tiene parangón.

Cómo explicar a alguien que no ama este mundo, que no es motero… que cuando subo a mi moto, el simple hecho de pasar mi pierna sobre ella y notar su potencia entre mis piernas… produce un bypass en mi vida.

Que el ronroneo de su voz me eleva y me transporta a un lugar donde no hay problemas, preocupaciones, dolor o penas… a cambio de un espacio de libertad y enajenación temporal de la perfección de la vida.

Dónde y cómo explicar a alguien, que ella me permite conocerme más a mí misma, aprender de mis limitaciones y aprender a superar y rectificar ante errores…

Que a cambio de enseñarle mundo me compensa con un racimo de sensaciones que ni yo sé enumerar…

Mi moto, es una parte de mi… la amo por lo que es, un instrumento que me otorga la posibilidad de ser yo misma.

Donde no importa si tengo un mal o buen día, para ella soy la mejor y no me juzga.

Es quién mientras van pasando los kilómetros y a través de la complicidad forjada en el silencio, me recuerda que soy alguien especial.

Y precisamente, los momentos cómo esos que me hace vivir… que me brinda cada vez que la conduzco, son los que te hacen decir con orgullo: YO SOY MOTERA.