Durante su ruta de Madrid a Lisboa, Berta Doria se convierte en intrusa en el mundo de los coches eléctricos y pone a prueba el CUPRA Tavascan, descubriendo que su diseño, tecnología y autonomía pueden sorprender incluso a una motera.
¿Qué pasaría si una motera, acostumbrada al viento en la cara, al rugido del motor y a la adrenalina de cada curva, cambiara las dos ruedas por cuatro, aunque solo fuera por un día? Esa fue la pregunta que llevó a nuestra Berta Doria a subirse al volante del nuevo CUPRA Tavascan y recorrer más de 600 km desde Madrid hasta Lisboa. Un terreno completamente distinto al que está acostumbrada, pero lleno de descubrimientos, sorpresas y, sobre todo, mucha, mucha, diversión.
Una de las primeras cosas que llamó la atención de Berta fue la dinámica del viaje. Acostumbrada a las pruebas de motos, donde cada piloto tiene su vehículo, en las de coches se viaja en pareja, en su caso, con Telva. Pese a que al principio esto se le hizo un poco extraño, rápidamente se dio cuenta de que el hecho de tener compañía hacía el trayecto mucho más entretenido, sobre todo considerando que había por delante más de 600 km de trayecto.
Diseño interior y exterior: cada detalle pensado al milímetro
El CUPRA Tavascan entra por los ojos desde el primer segundo. Su diseño exterior destaca por una estética agresiva y futurista dominada por la famosa “nariz de tiburón”, una referencia a la fuerza y agilidad del animal.
Pero fue al entrar en el habitáculo cuando Berta entendió realmente la filosofía del modelo. Cada elemento está cuidado al milímetro. El reposabrazos central simula la espina dorsal de un tiburón, creando una continuidad visual entre exterior e interior, mientras que los materiales y acabados transmiten una sensación “premium”, a pesar de que el precio está sorprendentemente ajustado.
Además, gracias a su diseño exterior, la aerodinámica del Tavascan es sobresaliente dentro de la gama CUPRA, con un coeficiente de 0,26 Cx, lo que lo sitúa a la altura de algunos modelos de Tesla y contribuye a optimizar consumo y autonomía.

Viajar cómodo nunca fue tan fácil
Conducir el Tavascan fue toda una sorpresa. No es lo mismo que ir en moto, claro, pero se siente muy estable y cómodo en autopista. Berta destacó como punto fuerte el poder hacer kilómetros sin estrés, en un coche silencioso y amplio, y manejar casi todo desde la pantalla central sin complicaciones. Además, el asistente de voz le permitió activar determinadas funciones sin despegar la vista de la carretera.
La tecnología del Tavascan incluye soluciones prácticas pensadas tanto para la conducción como para los momentos de espera durante la carga. Por ejemplo, aunque se pueden reproducir aplicaciones de entretenimiento como YouTube o Prime Video para que la espera se haga más amena, los sistemas inteligentes detectan si el conductor mira la pantalla durante la marcha y pausan la reproducción automáticamente.
Sin miedo a quedarte tirado
Otra sorpresa positiva fue la autonomía. Con un consumo medio de entre 19 y 21 kWh por cada 100 km, y la posibilidad de cargar hasta el 80% en menos de 20 minutos, el Tavascan demuestra que los eléctricos son plenamente capaces de cubrir largas distancias con facilidad. Incluso en subidas de montaña, la conducción se volvió intuitiva gracias al Drive Profile Cupra, que ajusta la sensibilidad del acelerador y la recuperación de energía, permitiendo frenar sin tocar el pedal en pendientes pronunciadas.

“La gente que no hemos probado eléctricos actuales seguimos teniendo en la cabeza que no tienen autonomía y tardas la vida en cargarlos. Gracias a Dios que esto está cambiando. Ya que no hay puntos de carga suficiente y son bastante deficientes, las tecnologías actuales permiten largas tiradas de km y cargas en poco tiempo. Dicen que si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña, y creo que las marcas están mejorando a grandes pasos”, reconoció Berta.
Una experiencia que superó las expectativas
Al llegar a Lisboa, Berta confirmó algo que ya intuía: no hay nada que sustituya la sensación de ir en moto. Pero también descubrió que, a veces, cambiar de terreno abre nuevas formas de disfrutar del camino. Y aunque las dos ruedas siguen siendo su terreno natural, esta prueba dejó claro que los eléctricos —cuando están bien hechos— pueden transformar cualquier viaje en una verdadera aventura.










