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Sin miedo…

14/06/2012Redacción


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La primera semana que Fanta, mi gato rojo, pasó en casa, sucedió algo curioso. Todas las noches se subía de un salto a la balda más alta del mueble del salón (que estará a un metro y poco del suelo, más o menos) y ahí se dormía, tan tranquilo.

Una noche, sin embargo, no calculó bien la distancia y se cayó. Aunque no se hizo nada, el susto que se llevó fue grande. Tardó casi cinco meses en volver a atreverse a saltar desde el suelo a la tercera balda. Yo lo de saltar de balda en balda de un mueble no lo practico, por razones obvias. Lo que sí practico, siempre que puedo, es la noble afición de ir en moto. Sin embargo, hace casi dos años y tras un accidente más o menos serio, estuve a punto de renunciar para siempre a subir de nuevo en dos ruedas.

Hace unas semanas, un lector de Mujeres Moteras acudía a nosotras desesperado: su chica no quiere volver a montar en moto tras un accidente, ni siquiera como copiloto. ¿Qué pasa cuando tienes un accidente… y le coges miedo a la moto? La coach Montse Camacho, quien se encarga de impartir los cursos de conducción específicos para féminas de Mujeres Moteras, nos explica que “una experiencia traumática, como la caída de una moto, es un episodio que no sólo nos marca el recuerdo, sino que también, a nivel de nuestra neurología, se han impregnado las emociones y sensaciones vividas, llegando a condicionarnos, de manera dramática, en nuestra vida a partir de ese momento”. Es, por ejemplo, el caso de Nuria. Sufrió, yendo de copiloto, un accidente muy serio hace tres años que estuvo a punto de dejarla en una silla de ruedas y, desde entonces, no ha sido capaz de volver a subir a una moto, ni siquiera como copiloto. “Es ver una y ponerme a llorar” cuenta.

Montse Camacho precisa al respecto que, en este tipo de situaciones, está claro que “el condicionante principal de esa experiencia es el miedo”. Miedo, en este caso, “a la pérdida de la vida”. En el caso de las mujeres existe además un condicionante genético y comportamental que agrava las consecuencias negativas de un accidente (de cualquier tipo, de moto en particular), tanto si vamos a los mandos como si, muy especialmente, viajamos en el asiento trasero. “Las mujeres, que por regla general somos mucho menos osadas que los hombres, tenemos a nivel genético grabada la obligatoriedad de preservar la especie y una buena manera de hacerlo es cuidar de nosotras mismas, pues somos dadoras de vida”. Por eso las mujeres, si en algún momento “hemos visto peligrar nuestra vida yendo en moto, tenderemos muy posiblemente a decidir no volver a hacerlo”. Gloria, una de las primeras mujeres moteras que conocí, hace ya diez años, lleva cinco sin subirse a una moto. “Me empotré contra un quitamiedos bajando de Madrid, por Perales, porque un camión tuvo un reventón, invadió mi carril mientras lo adelantaba y no tuve opción: o el guardarraíl o el camión. Y me fui para el guardarraíl” recuerda. Aquel día “volví a nacer”… pero murió para la moto.


¿Qué podemos hacer para volver a perderle el miedo a la moto y disfrutar plenamente de nuestra pasión por las dos ruedas? Una buena forma de hacerlo es apuntarse a los [fusion_builder_container hundred_percent=»yes» overflow=»visible»][fusion_builder_row][fusion_builder_column type=»1_1″ background_position=»left top» background_color=»» border_size=»» border_color=»» border_style=»solid» spacing=»yes» background_image=»» background_repeat=»no-repeat» padding=»» margin_top=»0px» margin_bottom=»0px» class=»» id=»» animation_type=»» animation_speed=»0.3″ animation_direction=»left» hide_on_mobile=»no» center_content=»no» min_height=»none»][intlink id=»17″ type=»category»]cursos de conducción de Mujeres Moteras[/intlink], ya que una de las piezas fundamentales de los mismos es ayudar a las mujeres a superar sus miedos y bloqueos frente a la moto de la forma más personalizada posible.

Además. Montse Camacho recomienda empezar volviendo a sentarse “detrás de una moto, poco a poco, al principio hasta encontrar nuestro umbral de confianza y de comodidad y no sobrepasarlo”. Al día siguiente “probar un poquito más lejos y un poquito más rápido y así sucesivamente hasta lograr, de nuevo, esa plena confianza del principio”. En mi caso, la ayuda de mi piloto por aquel entonces (y aún a veces ahora), Álex, mi mejor amigo de quien os hablo de vez en cuando, fue fundamental. Siempre se adaptó a mis necesidades y nunca me presionó para volver a viajar con la misma soltura de antes del accidente. Gracias a él, recuperé la confianza en la moto. He de decir que, en mi caso, en él como piloto no llegué a perderla nunca.

Ahora, que ya voy en moto de manera completamente normal, todavía hay veces que me asusto si se nos acerca un camión por detrás, ya que en el accidente uno se nos llevó por delante en un stop. Gloria conducía. Nuria y yo íbamos detrás cuando sufrimos los accidentes que nos apartaron durante un tiempo variable de la moto. Montse Camacho destaca que, si al componente genético de protección y preservación de la especie que tenemos las mujeres “le añadimos el ir de copiloto, agravamos la situación”. Esto es así porque, en esos momentos, nuestra vida “no depende de nosotros y además del miedo y de la lealtad a la vida le añadimos otro factor: la anulación de la confianza en el otro, cuando antes la teníamos completamente”.

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La coach de los cursos de conducción de Mujeres Moteras incide además en que, en los mismos, “nos centramos principalmente en las capacidades y las habilidades de cada mujer a la hora de coger su moto, las sensaciones placenteras y todo lo que las mueve a sentir esa pasión por las motos”.

Para Montse “este punto es fundamental, pues lograr vivir sintiendo esa pasión nos permite minimizar de una manera casi total el miedo que podemos experimentar por encontrarnos en una situación difícil ya que, al conducir una moto, al igual que cualquier momento que vivamos de nuestra vida, cuando estamos conectados con nuestro sueño, nuestro centro, nuestra pasión, todo fluye con una facilidad asombrosa,  y la situación conflictiva, difícil, se diluye, dando paso a la seguridad, la fuerza, la energía. Sólo así logramos nuestros objetivos”.

Y vosotras… ¿alguna vez habéis sentido miedo después de un susto o un accidente en moto? ¿Cómo lograsteis superarlo? Si estáis participando en los cursos de conducción de Mujeres Moteras o pensáis hacerlo… ¿Os gustaría compartir con nosotras la experiencia?

Ráfagas traseras, nos leemos en dos semanas.

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