Guías y Tutoriales

La única lucha que se pierde es la que se abandona

25/02/2013Redacción

No nací encima de una moto, yo más bien usaba el triciclo, la bici o unos patines. Pero siempre mantuve un extraño sentimiento por descubrir cuando alguna pasaba ante mí.

Con 15 años suplicaba tener una con la excusa de usarla para ir al instituto, lástima que estuviese a la vuelta de la esquina, y según mis padres fuese cabra loca para llevar dos ruedas. Pero siempre aprovechaba para subirme en alguna de mis amigos, aunque fuese sin arrancar ya me sentía especial. Con el tiempo, motivos personales ocuparon mi cabeza y gran parte de mi tiempo, pero nunca se me quitó la manía de clavar mis ojos en cada moto que veía.
Pasaba por malos momentos cuando por mi cabeza surgió por fin dejar a un lado todo y empezar a satisfacer mis sueños mientras pudiese, y… ese día lo cambió todo, pedí consejo a esa persona que todos los moteros tenemos, ese «ángel» en quien mantener confianza siempre. A él siempre lo miré como una niña, que al mirar escucha y al escuchar aprende. Él me enseño entre risas y carcajadas lo básico, y me acompañó siempre en todos mis avances, creando una unión muy especial. Y hoy está conmigo sintiendo el dolor de mi accidente.
Mi primera moto, una pampera 125, 4 tiempos, la traje a casa en remolque. No podía parar de girar la cabeza para verla, llevaba la sonrisa de un niño delante de un caramelo.
El primer día que me subí, recuerdo encenderla y sentir que empezaba una gran etapa de mi vida y que todo lo malo desaparecería.

Solo bajaba de ella para comer, ir al baño y dormir. Cogí bellas manías, como la de sentarme delante de ella y admirarla.

Fue el mejor verano de toda mi vida y que sin duda recordaré siempre. Descubrí mundo, maduré, me hice mejor persona, lloré, reí, y sobre todo y al igual que en mi vida CAÍ pero me levante con mas ganas aún de seguir adelante.

Con el tiempo quise crecer y retarme, ¿quien no quiere superarse…? Y se cruzó en mi camino una nueva compañera de batalla.

Como describirla… Ella es, el remedio insuperable a todos mis pesares, el ancla más potente entre mis pies y la tierra. Con ella siempre fui lentamente, ella era diferente, de las dos ella era la más veloz y la más serena al mismo tiempo.
Pasé los mejores momentos de mi vida junto a ella. Es un aliento y un suspiro en mi vida.
Pero un día…

Pasaba una gran mañana con un amigo por bonitos parajes y descubrimos que mi freno delantero perdía líquido y con ello la función que desempeñaba. Además, empezaba a llover.

Llegamos al acuerdo de regresar antes de hacernos daño y me pidió que intercambiásemos las motos por si surgía cualquier percance. Me negué, y hoy no creo haberme equivocado en esa decisión.

El regreso eran descensos que atravesé sin problemas. Ya en asfalto nos dirigíamos al garaje para guardar nuestras motos y descansar cuando en una curva que daba acceso a un puente, sin apurarme quise frenar y me di cuenta que el freno delantero no funcionaba. Me fui yendo a un lado sin poder hacer nada y cuando vi el gran precipicio cerré los ojos y me dejé llevar.

Recuerdo la caída y la recordaré siempre, en cuestión de segundos estaba tumbada entre rocas como un muñeco de trapo, abrí los ojos asustada y pensé en mis piernas y el estado en el que me encontraría. Intente mover las piernas y con facilidad desplace la izquierda, la derecha me costó más porque tenia dolor, pero nada que no fuese soportable, supongo que por el agua fría que corría de mi espalda hasta mi pierna derecha. Intente incorporarme pero me fue imposible. Mientras, mi amigo pedía por mí e intentaba acceder al lugar. Siempre mantuve un humor tranquilizador y al verlo tan asustado levanté una mano y realice el V’ss y sonriendo le dije que estaba bien.

 

En ese momento y hasta hace pocos días en mi cabeza sonó las palabras de Ismael Serrano, No estarás sola.
Se vivieron momentos tensos, de incertidumbre y miedo, pero yo solo sonreía, querría dar tranquilidad a todas las personas que estaban ahí atendiéndome y portándose tan cariñosamente conmigo y sobre todo a mi compañero, que solo soltó mi mano cuando mi camilla se elevaba.

 

En ese momento supe que empezaba una lucha que no podía perder. Me trasladaron al hospital con la tibia irrecontruible y peroné roto, cuatro vértebras, una bolsa de aire en un pulmón por una costilla rota y el escafoides. Tras varios días de UCI fui operada. El post-operatorio ha quedado marcado como los dos días más dolorosos de mi vida. A mi lado tuve a tres personas muy especiales y nunca sabré pagar eso.
Han pasado dos semanas y he superado el primer asalto hoy se disponen a levantarme eso me llena de felicidad a mi y a los míos. Tengo confianza y fuerza suficiente para salir de esto, no suelo recurrir a la resignación.

Con más ganas que nunca, tengo presente que tengo delante una larga recuperación y que debo esforzarme en restablecerme lo mejor posible para poder seguir viviendo como quiero vivir y disfrutar de todo ello.
Gracias de todo corazón a mi familia amigos y todo el mundo por su apoyo fuerza y preocupación; no tengo palabras.

 

LA UNICA LUCHA QUE SE PIERDE ES LA QUE SE ABANDONA

Patricia

Mujeres Moteras