Una mujer motera tiene dos “yo”.
El yo mujer que vive y se mueve por el mundo con normalidad, que capta más o menos la atención del resto pero que no deja de ser una persona más, con sus grandes virtudes y sus especiales defectos. Y el yo motera que se siente más especial aún si cabe. Capaz de dominar una máquina de casi 200kilos (o más) y de ser una de las pocas que se atreven a hacer suyo un mundo hasta ahora masculino.
¿Te miran más cuando vas en moto que cuando vas a pie?
Sin duda es una sensación extraña que se mueve entre en orgullo y el nerviosismo de saber que varios ojos están clavados en ti y en tu moto hasta el punto de convertir los tres minutos de un semáforo en una espera eterna.
Hay momentos en que sientes que es la calle entera la que te está observando, cualquier movimiento será analizado con detenimiento. Hombres y mujeres de los otros vehículos están pendientes de que muestres tu rostro dentro del casco o que arranques con el semáforo en verde.
¿Es admiración? ¿Es curiosidad?
¿Son todas las miradas iguales?
Sin duda alguna el efecto no es el mismo entre hombres y mujeres. Y me atrevería a decir que tampoco entre ellos y ellas son iguales.
En general los hombres sienten cierta debilidad por las mujeres moteras. Algunos, yo diría que los moteros en general, sienten admiración por ser capaces de estar a su lado y jugar con ellos a enlazar una curva tras otra. Pegados a sus ruedas e incluso superándolos a veces. Quizás sea porque aún no se lo creen o porque somos como una rara avis, pero el caso es queno pueden evitar asombrarse y emocionarse con nuestros avances.
Otros hombres sin embargo son capaces de mostrar niveles increíbles de lascivia solo con el brillo de sus ojos. No se si es la moto, una misma o el conjunto lo que les hace perder las formas y la elegancia de una mirada discreta. A más de uno me hubieses gustado decirle… ¿puedes dejar de babear en mi moto que me la ensucias?
Entre las mujeres hay de todo aunque por lo general se esboza una sonrisa y un… “¡¡mira!! ¡¡Es una chica!!”.
¿Admiran que nosotras nos aventuremos a poder hacer lo que ellas no pueden? ¿Nos admiran por jugar a la velocidad y al arte del asfalto?
Sin duda sus miradas suelen hacerme sentir orgullosa de mi misma y feliz de poder disfrutar de mi pasión e incluso, a veces siento la necesidad de decirles, “si yo puedo, tú también puedes”.
En definitiva, que quizás una moto no sea un embellecedor, pero si es un elemento distintivo que nos otorga un rango superior. Algo a lo que mirar, admirar y observar.
Algo que nos hace sentir que somos justo lo que queremos ser. Seres especiales.
Berta.










