¿A quien no le gusta soñar? ¿A quien no le gusta pedir deseos pensando que se cumplirán?
Un día soñé que era motera.
Hoy, no solo soy motera sino que pertenezco a un club lleno de pasión y sentimiento que vive las motos desde lo más profundo de su ser.

Una manera nueva de vivir las motos que solo algunos privilegiados saben hacer. No sacamos la moto a dar una vuelta sino que salimos a disfrutar, a sentir y a ser libres, al menos por un rato.
Como un móvil enchufado a la corriente mis baterías se cargan cuando salgo en moto. Me lleno de tanta energía vital que me creo capaz de todo.
Soy capaz hasta de soplarle a un avión que pasa por encima de mi mano.

Como una niña pequeña, colocada en el inicio de la pista de aterrizaje del aeropuerto de Barcelona juego a coger los aviones con las manos y a pedirles deseos a medida que van aterrizando.
¿Cuántas veces he pasado por delante del aeropuerto? ¿Cuántas veces me han pasado aviones por encima?
Muchas, y creo que nunca me había parado a mirarlos ni a escuchar el sonido de sus motores.
Qué tendrá la moto que todo lo transforma en juego y diversión?
La vida es dura y últimamente más, todo nos cuesta esfuerzo y hay que pelear cada día para llegar a final de mes y cumplir con todas nuestras obligaciones. Pero cuando me subo a la moto me olvido de eso. Ya no pienso en si tengo más o menos dinero para gasolina o si el lunes tendré tanto trabajo que no podré ni parar para comer. Solo pienso en disfrutar, en seguir mi propia sombra reflejada en la carretera o en el continuo deslizar de la línea blanca que divide sin cesar los carriles de la carretera.
Será que por mis venas corre gasolina y de ella dependo para vivir cada día como si fuese el último. Deseando superarme cada día para llegar al fin de semana y salir a jugar con Azulita y sus amigos.
Una terapia de lo más recomendable para todos aquellos que quieran sentir la pasión y la emoción de ser totalmente libres.
Siente y vive la pasión por las motos.










